El cuerpo, la salud y el derecho a decidir
Hablar sobre anticoncepción implica también hablar sobre autonomía, información y calidad de la atención en salud. La experiencia de las mujeres con métodos anticonceptivos no depende únicamente de la eficacia clínica de un dispositivo, sino también de las condiciones en que se ofrece, se explica y se acompaña su uso.
En el caso del Dispositivo Intrauterino (DIU), distintas investigaciones feministas y de salud pública han señalado la importancia de garantizar procesos de atención centrados en el consentimiento informado, el manejo adecuado del dolor y el respeto por las decisiones de las usuarias. En Venezuela, sin embargo, existen pocos datos sistematizados sobre cómo viven las mujeres este procedimiento.
Con el propósito de contribuir a esa discusión, entre abril y mayo de 2026 el Observatorio de Violencia Ginecobstétrica de Venezuela (OVGOVE) realizó una encuesta online anónima sobre experiencias de inserción del DIU. Participaron 87 mujeres de siete estados del país: Miranda, Distrito Capital, Aragua, Mérida, Lara, Falcón, Anzoátegui y Nueva Esparta, con edades entre 18 y más de 55 años.
A continuación, presentamos los hallazgos cuantitativos más relevantes, organizados en seis ejes críticos.
Información previa: el derecho que faltó
Casi la mitad de las mujeres llegó al procedimiento sin saber en qué consistía, qué opciones existían o qué podía pasar después. La desinformación no es un olvido: es una falla estructural del consentimiento.
- 43.7% no recibió explicación clara sobre la inserción.
- 46% no conoció diferencias entre DIU hormonal y de cobre.
- 42.5% no tuvo información sobre efectos secundarios (sangrado intermenstrual, cambios de ánimo, dolor en relaciones sexuales).
Solo me enseñaron la T de cobre y nada más. Me dejaron unos hilitos que me duelen cuando me lavo y tengo intimidad con mi esposo.
Estos datos permiten reflexionar sobre la importancia del consentimiento informado como parte fundamental de la atención médica. Informar no solo implica describir un procedimiento, sino también ofrecer herramientas para que cada mujer pueda decidir desde el conocimiento y la autonomía.
Advertencia sobre el dolor: el aviso que nunca llegó
Más de 1 de cada 4 mujeres descubrió que el DIU podía doler en el momento en que ya estaba doliendo. Advertir no asusta: prepara. Y es un derecho.
- 26% no fue advertida sobre la posibilidad de dolor durante la inserción.
Nadie me dijo que podía doler tanto. Cuando empecé a quejarme, la doctora me dijo que exageraba.
La experiencia del dolor es diversa, pero ello no reduce la necesidad de abordarlo de manera seria y respetuosa. Escuchar a las pacientes, explicar qué puede ocurrir durante el procedimiento y ofrecer alternativas para el manejo del dolor son elementos esenciales de una atención centrada en derechos.
Dolor y manejo del dolor: sufrimiento evitable
El dolor no fue la excepción, sino la regla. Y lo más grave: en la mayoría de los casos no se hizo nada para aliviarlo.
- 72.7% sintió dolor, incomodidad o molestia real durante la inserción.
- 62.9% no recibió analgesia ni anestesia local.
- 26.7% fue ignorada, minimizada o ridiculizada al expresar su dolor.
Grité del dolor y la enfermera puso los ojos en blanco. Me dijeron: ‘Ya casi termina, no sea dramática’.
Consentimiento y respeto al derecho a parar
Más de la mitad de las mujeres firmó o aceptó sin saber qué firmaba. Y cuando el cuerpo dijo “basta”, en casi una de cada cinco ocasiones nadie escuchó. Parar es un derecho. Ignorarlo es violencia.
- 52.9% no dio consentimiento explícito por escrito antes del procedimiento.
- 16.9% de quienes pidieron interrumpir por dolor intenso vieron su decisión ignorada.
Pedí que parara porque no soportaba más. Me dijo que no era para tanto y siguió.
Me persuadieron para continuar. Dijeron que ya casi acababa.
El consentimiento no debería entenderse como un trámite administrativo aislado, sino como un proceso permanente de comunicación entre profesional de salud y paciente. Toda persona tiene derecho a modificar su decisión o detener un procedimiento cuando lo considere necesario.
En distintos testimonios aparecen frases que reflejan una normalización del sufrimiento femenino en contextos médicos, especialmente en procedimientos ginecológicos. Esto evidencia la necesidad de revisar prácticas institucionales y culturales que históricamente han restado importancia al dolor de las mujeres.
Complicaciones y secuelas: el cuerpo que sigue doliendo
Casi la mitad de las mujeres vivió complicaciones que afectaron su calidad de vida. Sin embargo, más de un tercio no recibió instrucciones básicas para el autocuidado ni seguimiento.
- 44.8% tuvo complicaciones posteriores (dolor persistente, sangrado abundante, perforación, expulsión).
- 37.9% no recibió indicaciones claras sobre cómo verificar las cuerdas del DIU ni cuándo acudir a revisión.
A los dos meses el DIU se había movido. Nunca me enseñaron a revisar los hilos. Tuve que ir a una clínica privada porque en el seguro me decían que era normal.
Es importante señalar que los efectos secundarios y complicaciones pueden presentarse con cualquier método anticonceptivo, y que muchas mujeres utilizan el DIU de manera satisfactoria. Sin embargo, los resultados de esta encuesta sugieren la necesidad de fortalecer el acompañamiento posterior al procedimiento y mejorar la información brindada a las usuarias.
El seguimiento médico y el acceso a orientación oportuna forman parte integral del derecho a la salud sexual y reproductiva.
Comentarios invasivos y juicios moralizantes
Aunque los porcentajes son pequeños, representan mujeres reales a las que se preguntó “si habían tenido abortos” como si fuera un delito, o se les dijo “qué asco” por sangrar.
- 6.9% recibió comentarios humillantes o juicios de valor sobre su cuerpo, sexualidad o historial reproductivo.
- 6.9% escuchó al profesional de salud decir que el DIU causaba “abortos” (desinformación activa).
La doctora me preguntó cuántos abortos había tenido. Cuando le dije que ninguno, respondió: ‘entonces para qué quiere el DIU’.
Me dijo ‘qué asco’ cuando le mencioné que sangraba entre periodos.
Estos relatos recuerdan que la calidad de la atención no depende únicamente de aspectos técnicos, sino también del trato humano, ético y respetuoso hacia las pacientes.
Hacia una atención ginecológica centrada en derechos
Los resultados de esta encuesta permiten identificar áreas de mejora en la atención ginecológica relacionada con el uso del DIU en Venezuela. Entre las principales demandas expresadas por las participantes destacan:
- Garantizar información clara y completa antes del procedimiento.
- Incorporar protocolos de manejo del dolor durante la inserción.
- Fortalecer la formación del personal de salud en perspectiva de género y derechos humanos.
- Asegurar mecanismos adecuados de consentimiento informado.
- Mejorar el acompañamiento y seguimiento posterior.
Más allá de cuestionar un método anticonceptivo específico, esta discusión invita a pensar cómo se construyen las relaciones entre medicina, cuerpo y autonomía. Una atención ginecológica respetuosa requiere escuchar las experiencias de las mujeres, reconocer sus decisiones y ofrecer condiciones de cuidado dignas e informadas.
La encuesta realizada por OVGOVE muestra que muchas mujeres en Venezuela consideran insuficiente la información y el acompañamiento recibido durante la inserción del DIU. También evidencia la necesidad de incorporar enfoques de derechos humanos y perspectiva de género en la atención ginecológica.
Visibilizar estas experiencias no busca generar temor alrededor del DIU, sino promover una conversación más amplia sobre consentimiento, calidad de atención y salud sexual y reproductiva.
Hablar de estos temas sigue siendo fundamental para construir prácticas médicas más empáticas, informadas y respetuosas de la autonomía de las mujeres.
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