Autor: OVGOVE

  • Hablemos

    de violencia obstétrica

    En un esfuerzo por visibilizar y combatir todos los tipos de manifestaciones de violencia de género, las organizaciones de mujeres y los profesionales de la salud están cada vez más alerta a un problema crítico: la violencia obstétrica.

    Esta forma de violencia impacta a las mujeres en la atención prenatal, el parto y el post parto. Se manifiesta a través de prácticas médicas abusivas, falta de consentimiento informado, prácticas deshumanizadoras, comentarios ofensivos, y en ocasiones intervenciones innecesarias que vulneran los derechos y la dignidad de las mujeres.

    La violencia ginecobstétrica es una modalidad específica de violencia de género que ocurre cuando las mujeres y personas gestantes son sometidas a trato deshumanizado, abusivo o negligente durante los procesos ginecológicos y obstétricos. Desde exámenes sin consentimiento hasta cesáreas forzadas o partos medicalizados sin respeto por los deseos de la persona gestante, este tipo de violencia se fundamenta en la idea de que las personas con capacidad reproductiva no tienen autonomía sobre sus cuerpos.

    Al igual que otras formas de violencia de género, la violencia ginecobstétrica busca mantener el control sobre las mujeres y personas gestantes, despojándolas de su derecho a decidir sobre sus cuerpos y sus vidas. Aunque se disfraza de “prácticas médicas necesarias” o de “protocolos estándar”, lo que en realidad está sucediendo es que se violentan los derechos humanos de las personas a recibir un trato digno, respetuoso y libre de abusos.

    Una de las manifestaciones más invisibilizadas y naturalizadas de esta violencia es la violencia ginecobstétrica, un tipo de abuso que ocurre en el ámbito de la salud reproductiva.

    Pero, ¿qué es la violencia de género y por qué la violencia ginecobstétrica forma parte de ella?

    La violencia de género es cualquier acto de violencia que se ejerce sobre una persona en función de su sexo, identidad de género o rol en la sociedad, y que tiene como objetivo subyugar, controlar, o dañar su integridad física, psicológica o emocional.

    Esta violencia es una manifestación de las desigualdades estructurales y de poder que existen entre los géneros, y se expresa en distintas formas: física, psicológica, económica, sexual, y también en la atención médica.

  • El DIU en Venezuela: Experiencias, información y derechos en la atención ginecológica

    El cuerpo, la salud y el derecho a decidir

    Hablar sobre anticoncepción implica también hablar sobre autonomía, información y calidad de la atención en salud. La experiencia de las mujeres con métodos anticonceptivos no depende únicamente de la eficacia clínica de un dispositivo, sino también de las condiciones en que se ofrece, se explica y se acompaña su uso.

    En el caso del Dispositivo Intrauterino (DIU), distintas investigaciones feministas y de salud pública han señalado la importancia de garantizar procesos de atención centrados en el consentimiento informado, el manejo adecuado del dolor y el respeto por las decisiones de las usuarias. En Venezuela, sin embargo, existen pocos datos sistematizados sobre cómo viven las mujeres este procedimiento.

    Con el propósito de contribuir a esa discusión, entre abril y mayo de 2026 el Observatorio de Violencia Ginecobstétrica de Venezuela (OVGOVE) realizó una encuesta online anónima sobre experiencias de inserción del DIU. Participaron 87 mujeres de siete estados del país: Miranda, Distrito Capital, Aragua, Mérida, Lara, Falcón, Anzoátegui y Nueva Esparta, con edades entre 18 y más de 55 años.

    A continuación, presentamos los hallazgos cuantitativos más relevantes, organizados en seis ejes críticos.

    Información previa: el derecho que faltó

    Casi la mitad de las mujeres llegó al procedimiento sin saber en qué consistía, qué opciones existían o qué podía pasar después. La desinformación no es un olvido: es una falla estructural del consentimiento.

    • 43.7% no recibió explicación clara sobre la inserción.
    • 46% no conoció diferencias entre DIU hormonal y de cobre.
    • 42.5% no tuvo información sobre efectos secundarios (sangrado intermenstrual, cambios de ánimo, dolor en relaciones sexuales).

    Solo me enseñaron la T de cobre y nada más. Me dejaron unos hilitos que me duelen cuando me lavo y tengo intimidad con mi esposo.

    Estos datos permiten reflexionar sobre la importancia del consentimiento informado como parte fundamental de la atención médica. Informar no solo implica describir un procedimiento, sino también ofrecer herramientas para que cada mujer pueda decidir desde el conocimiento y la autonomía.

    Advertencia sobre el dolor: el aviso que nunca llegó

    Más de 1 de cada 4 mujeres descubrió que el DIU podía doler en el momento en que ya estaba doliendo. Advertir no asusta: prepara. Y es un derecho.

    • 26% no fue advertida sobre la posibilidad de dolor durante la inserción.

    Nadie me dijo que podía doler tanto. Cuando empecé a quejarme, la doctora me dijo que exageraba.

    La experiencia del dolor es diversa, pero ello no reduce la necesidad de abordarlo de manera seria y respetuosa. Escuchar a las pacientes, explicar qué puede ocurrir durante el procedimiento y ofrecer alternativas para el manejo del dolor son elementos esenciales de una atención centrada en derechos.

    Dolor y manejo del dolor: sufrimiento evitable

    El dolor no fue la excepción, sino la regla. Y lo más grave: en la mayoría de los casos no se hizo nada para aliviarlo.

    • 72.7% sintió dolor, incomodidad o molestia real durante la inserción.
    • 62.9% no recibió analgesia ni anestesia local.
    • 26.7% fue ignorada, minimizada o ridiculizada al expresar su dolor.

    Grité del dolor y la enfermera puso los ojos en blanco. Me dijeron: ‘Ya casi termina, no sea dramática’.

    Consentimiento y respeto al derecho a parar

    Más de la mitad de las mujeres firmó o aceptó sin saber qué firmaba. Y cuando el cuerpo dijo “basta”, en casi una de cada cinco ocasiones nadie escuchó. Parar es un derecho. Ignorarlo es violencia.

    • 52.9% no dio consentimiento explícito por escrito antes del procedimiento.
    • 16.9% de quienes pidieron interrumpir por dolor intenso vieron su decisión ignorada.

    Pedí que parara porque no soportaba más. Me dijo que no era para tanto y siguió.


    Me persuadieron para continuar. Dijeron que ya casi acababa.

    El consentimiento no debería entenderse como un trámite administrativo aislado, sino como un proceso permanente de comunicación entre profesional de salud y paciente. Toda persona tiene derecho a modificar su decisión o detener un procedimiento cuando lo considere necesario.

    En distintos testimonios aparecen frases que reflejan una normalización del sufrimiento femenino en contextos médicos, especialmente en procedimientos ginecológicos. Esto evidencia la necesidad de revisar prácticas institucionales y culturales que históricamente han restado importancia al dolor de las mujeres.

    Complicaciones y secuelas: el cuerpo que sigue doliendo

    Casi la mitad de las mujeres vivió complicaciones que afectaron su calidad de vida. Sin embargo, más de un tercio no recibió instrucciones básicas para el autocuidado ni seguimiento.

    • 44.8% tuvo complicaciones posteriores (dolor persistente, sangrado abundante, perforación, expulsión).
    • 37.9% no recibió indicaciones claras sobre cómo verificar las cuerdas del DIU ni cuándo acudir a revisión.

    A los dos meses el DIU se había movido. Nunca me enseñaron a revisar los hilos. Tuve que ir a una clínica privada porque en el seguro me decían que era normal.

    Es importante señalar que los efectos secundarios y complicaciones pueden presentarse con cualquier método anticonceptivo, y que muchas mujeres utilizan el DIU de manera satisfactoria. Sin embargo, los resultados de esta encuesta sugieren la necesidad de fortalecer el acompañamiento posterior al procedimiento y mejorar la información brindada a las usuarias.

    El seguimiento médico y el acceso a orientación oportuna forman parte integral del derecho a la salud sexual y reproductiva.

    Comentarios invasivos y juicios moralizantes

    Aunque los porcentajes son pequeños, representan mujeres reales a las que se preguntó “si habían tenido abortos” como si fuera un delito, o se les dijo “qué asco” por sangrar.

    • 6.9% recibió comentarios humillantes o juicios de valor sobre su cuerpo, sexualidad o historial reproductivo.
    • 6.9% escuchó al profesional de salud decir que el DIU causaba “abortos” (desinformación activa).

    La doctora me preguntó cuántos abortos había tenido. Cuando le dije que ninguno, respondió: ‘entonces para qué quiere el DIU’.


    Me dijo ‘qué asco’ cuando le mencioné que sangraba entre periodos.

    Estos relatos recuerdan que la calidad de la atención no depende únicamente de aspectos técnicos, sino también del trato humano, ético y respetuoso hacia las pacientes.

    Hacia una atención ginecológica centrada en derechos

    Los resultados de esta encuesta permiten identificar áreas de mejora en la atención ginecológica relacionada con el uso del DIU en Venezuela. Entre las principales demandas expresadas por las participantes destacan:

    • Garantizar información clara y completa antes del procedimiento.
    • Incorporar protocolos de manejo del dolor durante la inserción.
    • Fortalecer la formación del personal de salud en perspectiva de género y derechos humanos.
    • Asegurar mecanismos adecuados de consentimiento informado.
    • Mejorar el acompañamiento y seguimiento posterior.

    Más allá de cuestionar un método anticonceptivo específico, esta discusión invita a pensar cómo se construyen las relaciones entre medicina, cuerpo y autonomía. Una atención ginecológica respetuosa requiere escuchar las experiencias de las mujeres, reconocer sus decisiones y ofrecer condiciones de cuidado dignas e informadas.

    La encuesta realizada por OVGOVE muestra que muchas mujeres en Venezuela consideran insuficiente la información y el acompañamiento recibido durante la inserción del DIU. También evidencia la necesidad de incorporar enfoques de derechos humanos y perspectiva de género en la atención ginecológica.

    Visibilizar estas experiencias no busca generar temor alrededor del DIU, sino promover una conversación más amplia sobre consentimiento, calidad de atención y salud sexual y reproductiva.

    Hablar de estos temas sigue siendo fundamental para construir prácticas médicas más empáticas, informadas y respetuosas de la autonomía de las mujeres.

  • MANIFIESTO LATINOAMERICANO PARA LA ERRADICACIÓN DE LA VIOLENCIA GINECOBSTÉTRICA

    17 de mayo – Día Internacional para la Erradicación de la Violencia Ginecobstétrica

    ¿Quiénes somos?

    Somos una red latinoamericana de organizaciones, colectivas, profesionales de la salud y de las humanidades, parteras, doulas, activistas, representantes de saberes ancestrales y alternativos, investigadoras, académicas, mujeres y personas usuarias de los sistemas de salud.

    Desde hace varios años trabajamos en la visibilización, prevención, denuncia y erradicación de la violencia ginecobstétrica (VGO).

    Nos articulamos desde diversos territorios, países, experiencias y saberes, con un compromiso común: transformar los modos en que se abordan los procesos sexuales, reproductivos y no reproductivos de las mujeres y personas usuarias del sistema de salud, tanto en la atención ginecológica como obstétrica.

    Somos múltiples voces, pero compartimos una certeza: la violencia  ginecobstétrica es una problemática política,  estructural, sistemática y extendida en toda la región.

    Latinoamérica dice ¡BASTA!

    Porque miles de mujeres y personas usuarias de los sistemas de salud atraviesan prácticas de maltrato, medicalización innecesaria, desinformación, coerción y abandono.

    Porque estas violencias no son hechos aislados, sino prácticas naturalizadas dentro de modelos de formación académica y atención hegemónicos.

    Porque vulneran derechos fundamentales: la autonomía, la integridad física, mental y emocional, el acceso a la información, el consentimiento informado y el derecho a una atención digna y de calidad.

    Porque se ejercen a lo largo de toda la vida sexual y reproductiva: desde la adolescencia, en la anticoncepción, la prevención y el tratamiento de infecciones de transmisión sexual, las transiciones de género, los tratamientos de fertilidad, la endometriosis, la gestación, el parto y el posparto, el aborto y los duelos perinatales, la menopausia y en cada control o práctica de rutina. Asimismo, estas violencias incluyen la atención neonatal y la intervención sin consentimiento plenamente informado a personas intersex. 

    Porque existe evidencia científica creciente en la región que confirma su magnitud y persistencia, así como su reconocimiento por organismos internacionales.

    La violencia  ginecobstétrica es violencia de género

    La violencia  ginecobstétrica es una forma específica de violencia de género que ocurre en el ámbito de la salud y se expresa a través de enseñanzas, prácticas, discursos, acciones, omisiones e intervenciones innecesarias que vulneran derechos fundamentales.

    Es también una forma de violencia institucional, sostenida por estructuras jerárquicas, protocolos rígidos, desigualdades de poder y ausencia de mecanismos efectivos de rendición de cuentas.

    Reconocemos su carácter interseccional: afecta de manera diferenciada según clase social, etnia, edad, identidad de género, territorio y condición migratoria.

    Reivindicamos un modelo de atención centrado en la autonomía de las personas, basado en evidencia científica, respetuoso de los procesos fisiológicos y sustentado en un enfoque de género, interseccional y de derechos humanos.

    Nombrar la violencia ginecobstétrica es un acto político: visibiliza aquello que históricamente ha sido negado, minimizado o naturalizado.

    Nuestros derechos en jaque

    Advertimos con gran preocupación un retroceso en materia de derechos en distintos países de la región.

    Este proceso se expresa en el desfinanciamiento de los sistemas públicos de salud, el cierre de maternidades, la reducción de servicios esenciales, el desmantelamiento de programas de salud sexual y reproductiva, el debilitamiento de políticas de género y la restricción de espacios de participación social.

    En este contexto, se profundizan las condiciones que favorecen la violencia  ginecobstétrica: la sobrecarga de los sistemas incrementa las intervenciones innecesarias, la falta de recursos deteriora la calidad de la atención y el retroceso en los marcos discursivos deslegitima los derechos de las personas usuarias.

    La violencia ginecobstétrica no solo persiste; en muchos territorios, se agrava.

    Lo que exigimos

    • El reconocimiento explícito de la violencia ginecobstétrica  como violación de derechos humanos en toda la región.
    • El reconocimiento explícito a nivel mundial del 17 de mayo como el “Día Internacional para la Erradicación de la Violencia  Ginecobstétrica”.
    • La implementación efectiva de las leyes existentes y la creación de marcos normativos donde aún no existan.
    • El acceso garantizado a información clara, al consentimiento plenamente informado y al acompañamiento en todas las atenciones de salud sexual y reproductiva.
    • La formación obligatoria del personal de salud con perspectiva de género y de derechos humanos.
    • La revisión y actualización de currículos en todas las carreras vinculadas a la salud.
    • El financiamiento adecuado de los sistemas públicos de salud.
    • La reapertura y fortalecimiento de maternidades y servicios de salud sexual y reproductiva.
    • El acceso a prácticas basadas en evidencia y a analgesia cuando corresponda, incluyendo procedimientos como la colocación de DIU.
    • La creación y fortalecimiento de mecanismos de denuncia, monitoreo, sanción y reparación.
    • La incorporación de las voces de las mujeres, personas usuarias y organizaciones en el diseño de políticas públicas.
    • La promoción de modelos de atención respetuosos, diferenciados, interdisciplinarios y centrados en las personas.

    América Latina grita: “¡Basta de violencia ginecobstétrica!”

    Recibir información oportuna y atención sin violencia es un derecho, no un privilegio.

    Lo que ocurre en silencio en consultorios y salas de atención es una deuda urgente para nuestras democracias.

    Este 17 de mayo alzamos una voz colectiva en toda América Latina: la violencia ginecobstétrica existe y vamos a erradicarla.

    Por la autonomía sobre nuestros cuerpos.
    Por el derecho a decidir, a saber y a ser respetadas.

    Seguiremos en lucha hasta que en toda América Latina, decidir sobre nuestros cuerpos sea un derecho garantizado.

    ADHIEREN

    • Venezuela
    • Observatorio de Violencia Ginecobstétrica de Venezuela OVGOVE @observatoriovgo.ve
    • Parir con Placer @parirconplacer.ve
    • Mamíferas de Venezuela @mamiferas.ve
    • Mesa de mujeres, diversidad y estudios de la vida cotidiana @mesamujeresyevc
    • Siete sororas @sietesororas
    • Escuela de Bienestar Integrativo de la mujer @ebimsanamujer

    • Perú
    • Mi parto Mi decisión Perú @miparto.midecision.peru

    • México 
    • Campaña Nacional contra la Violencia Ginecobstétrica México @campvgo.mx
    • Partería y Medicinas Ancestrales  @parteriaymedicinasancestrales
    • Acompañantas Fronterizas @acompañantasfronterizas

    • Colombia: 
    • Huitaca – Observatorio de Salud Sexual y Reproductiva
    • Colectiva Unas Tales Feministas.
    • Partera Tradicional Emberá Sebastiana Pepe Bateza
    • Movimiento Nacional por la Salud Sexual y Reproductiva.
    • Colectivo Parteras de Aburrá.
    • Asociación Parir.
    • Equipo Parir. 
    • Mujeres Bachué.
    • Enguarichadas.
    • Casa de Matrioskas. 
    • Matriz Lunar
    • Red Colombiana de Salud Mental Perinatal
    • Guaricha Mestiza 
    • La Jefe Mafe
    • ASOGESLAC – Asociación para el acompañamiento de la gestación, lactancia y crianza. 

    • Brasil
    • Observatorio de Violencia Ginecobstétrica do Brasil
    • Campaña contra la Violencia Ginecobstétrica – Brasil (@campvgo.br)

  • Miradas y horizontes feministas #6

    La violencia obstétrica como violencia de género. Boletín del Grupo de Trabajo Feminismo resistencias y emancipación

  • Respuesta conjunta de los Observatorios Latinoamericanos y Europeos de Violencia Obstétrica y otras organizaciones de toda Europa a la Declaración de Posición Conjunta sobre Atención deficiente e irrespetuosa en el parto: porque las palabras importan

    El término Violencia Obstétrica, hoy más visibilizado, ha generado diversas respuestas que la cuestionan, fundamentalmente por parte de profesionales del área obstétrica que la asumen como un cuestionamiento personal. De esa manera, la respuesta ha derivado la atención de la discusión fundamental: la propia realidad que ha generado esta categoría.

    A principios de enero 2024, fue publicada en una reivsta acádemica de medicina, una declaración emitida por una declaración de posición conjunta de la Asociación Europea de Medicina Perinatal, la Junta Europea y el Colegio de Obstetras y Ginecólogos y la Asociación Europea de Parteras.

    Las organizaciones que compartimos acciones, energías y esperanzas por visibilizar y materializar otras formas de parir y nacer, además de cuestionar la visión patologizante del cuerpo y los procesos de las mujeres, nos activamos en función de responder a esta Declaración en el mismo medio en que fue publicada la anterior.

    Desde este espacio reflexivo, queremos convocarles a dar el paso como usuarias, como servidores y servidoras de salud y sujetas y sujetos de derechos, para romper estructuras y reconstruir  las múltiples formulas de un sistema de salud coherente con la dignidad y la equidad en un momento tan trascendente como gestar, parir, nacer.

    En Venezuela, compartimos la Declaración con colegas, amig@s, personal de salud, aliad@s e interesad@s en estas temáticas. Unas declaraciones contundentes y por supuesto luminosas la tuvimos de nuestra querida Marbella Camacaro. Mitzy Flores también sentó posición y otra respuesta importante de la médica Liliana Marín. Taumanova Álvarez y América Villegas organizaron una conversa online que, además de nutritiva estuvo bastante bien recibida (y será reseñada más adelante).

    De los aspectos más resaltantes de la Declaración, tenemos las palabras de Marbella, quien señala:

    «El primero es que son de países europeos y es imposible no tomar en cuenta las realidades históricas de los sitios geográficos y las realidades geopolíticas y sociales de las sociedades que se pronuncian. Uno de los grandes problemas precisamente de las disciplinas y las ciencias es que han sido nacidas, crecidas y construidas en áreas, en lugares ajenos a América Latina y América Latina ha copiado ese modelo de ciencia y lo ha repetido a través del tiempo y a través de la generación».

    Camacaro 2024

    Nos llama poderosamente la atención que el gremio médico se centra en confrontar el término violencia obstétrica y no las formas de atención. Sin detallar que uno es el reflejo de todas ellas. Les resuena porque criminaliza y fija posición hacia los obstetras. Desde las primeras afirmaciones del artículo no refutan que esa forma de atención al parto constituye un trato subestándar, es decir, por debajo de la calidad que debería recibir una mujer en su atención del trabajo de parto, el parto y postparto.

    Por el contrario, ellos y ellas reconocen que si eso se hace, todas esas rutinas medicalizadas de abuso y abuso del cuerpo de las  mujeres se considera un trato subestándar. Lo que están es cambiando nada más el nombre, porque precisamente el nombre, esa es la razón de la denominación o de la categoría. Fijarlo en una especificidad de profesión como es la obstetricia.

    En nuestros países, pues si ese tratamiento se llama subestándar, nosotros en América Latina lo llamamos violencia obstétrica, porque atenta contra la autonomía y la autodeterminación de las mujeres en su proceso reproductivo.

    Porque si estas prácticas: ruptura de membranas, episiotomía, abuso de medicalización, trato irrespetuoso, revisión uterina -que es el acto más bárbaro que puede cometer la obstetricia y se practica como rutina en Venezuela- y el hecho de que una mujer para acostada, que es la estafa más grande de la ciencia obstétrica, que niega los elementos más, las lógicas más elementales como la ley de gravedad, pues indudablemente se está cometiendo violencia obstétrica.

    En su mayoría me parecieron excusas vergonzosas: que nos da miedo el cambio, que es humano optar por repetir lo que aprendimos, que a unos les cuesta más que a otros ser autocríticos, que las expectativas de las mujeres pueden ser irreales, que explicar las cosas es mucho trabajo, que en una emergencia no se puede solicitar consentimiento por escrito. Ví paternalismo por todos lados, ni una sola mención al problema complejo, universal, pandémico. Si no hablamos de machismo, patriarcado y violencia de género, no estamos ni cerca de comprender de lo que estamos hablando. Y pensé, hace años se decía que si no había golpes no era violencia, que la violencia sólo se reduce a lo físico o sexual, que si es tu esposo no se puede hablar de violación, que si no hay evidencia de que te opusiste y luchaste, es que consentiste. Todavía hay quien no cree en la palabra feminicidio, que no lo considera una categoría aparte del homicidio, que no ve un patrón.

    Liliana Marín

    Lo cierto es que este tratamiento no sólo se da en la obstetricia y la ginecología, es una forma habitual de atención de la medicina en general. Pero la definición que tiene la categoría, desde nuestra ley de 2007, está referida a lo que ocurre estrictamente en la disciplina obstétrica. Y esta Declaración a la larga termina corroborando que la categoría es correcta porque todo eso es practicado como rutina, por lo menos en los países de América Latina. 

    Un elemento fundamental en esto, es que es una discusión política. A la política de los derechos humanos. Y especialmente los que conciernen a los sexuales y reproductivos. Todas estas prácticas, tipificadas como VO, son violatorias de los derechos humanos de las mujeres en la salud sexual y reproductiva y que se comete en casi todos los hospitales de América Latina.

    Si no se plantea como un problema, como una circunstancia vinculada a los derechos y no se deja en una visión reducida de la ofensa que sienten los ginecobstetras, la discusión pierde las raíces estructurales de las razones de esa ciencia.

    Esa es una ciencia que nace fuera absolutamente de la realidad de América Latina.Y yo creo que es un trabajo político marcar una diferencia de cómo viven las mujeres, sus circunstancias de salud sexual y reproductiva en los países latinoamericanos a los países europeos. Este es un problema de poder político y esos países que se hacen llamar del primer mundo no tienen ni idea de lo que ocurre en estos países. Así de sencillo.

    Esta es una discusión difícil precisamente porque trata asuntos de poder. La VO es un término nacido estrictamente en América Latina. Se ponen de moda palabras como la descolonización, y otra serie de palabras que se quedan en cliché. La descolonización comienza precisamente para que nuestros países defendamos nuestras propias realidades  frente a esas otras del mal llamado primer mundo. Y la VO fue construida en este país con la realidad propia y de muchos países de Latinoamérica.

  • OVO Latam

    Uno de los principales trabajos de los Observatorios de Violencia Obstétrica o Ginecobstétrica es el de hacer un panorama del estado de la atención en salud sexual y reproductiva a las mujeres.

    Hacer una investigación de esta naturaleza, en temas tan sentidos y cotidianos para nosotras las mujeres, implica considerar los métodos, las técnicas y los instrumentos como elementos que permitirán materializar todas esas preguntas, cuestiones, dudas, sospechas e intuiciones que nos permitan ver realmente qué sucede en determinado contexto.

    El método representa el camino a seguir en la investigación, las técnicas constituyen la manera cómo transitar por esa vía, mientras que el instrumento incorpora el recurso o medio que ayuda a realizar esta senda.
    Uno de los instrumentos más poderosos utilizados son las encuestas: herramientas de la investigación que permiten obtener datos cualitativos y cuantitativos (cifras y testimonios) en los diferentes niveles de atención a los procesos del cuerpo de las mujeres.

    En ese sentido, hicimos una pequeña indagación en cuatro de los países con trayectoria en el camino de la reivindicación de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres, especialmente aquellos que refieren a la atención ginecológica, el parto y el nacimento.

  • Cuando las leyes no alcanzan: Violencia Obstétrica en Venezuela

    Escrito por América Villegas Rodríguez

    Al revisar las publicaciones sobre Violencia Obstétrica en Latinoamérica, siempre encontramos la frase: “Venezuela fue el primer país del mundo en el emplear el término “violencia obstétrica” en 2007 en la Ley orgánica sobre el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia”, incluso así aparece en Wikipedia. Y fue conceptualizada por la profesora Marbella Camacaro, directora de la Unidad de Estudios de Género Bellacarla Girón de la Universidad de Carabobo. Definida como un tipo de violencia basada en género que implica “la apropiación del cuerpo y procesos reproductivos de las mujeres por personal de salud, que se expresa en un trato deshumanizador, en un abuso de medicalización y patologización de los procesos naturales, trayendo consigo pérdida de autonomía y capacidad de decidir libremente sobre sus cuerpos y sexualidad, impactando negativamente en la calidad de vida de las mujeres”.

    En la actualidad, investigadoras la han catalogado, además, como una forma de violencia de carácter sexual y como una forma más de maltrato aberrante a las mujeres. La Dra. en Antropología Eva Margarita García, en su tesis doctoral La violencia obstétrica como violencia de género”, plantea como la violencia obstétrica no es sólo es el resultado de protocolos obsoletos y mala praxis médica, resulta una forma más de violencia de género normalizada de tal modo que dificulta mucho su visibilización y, por lo tanto, erradicación.Se trata de una doble violencia que se produce: por ser mujeres y por ser pacientes que deben acatar sin cuestionar lo que la autoridad diga. Así, hay una doble vulnerabilidad que hace aún más complicada la legislación de la mala praxis obstétrica, incluyendo la psicológica (2019).

    En 2019 se aprobó y publicó en Gaceta Oficial la Ley de Parto Humanizado, para proteger las formas de nacer de las familias venezolanas. Dentro de su marco legal, el país ha desarrollado otros instrumentos, planes y programas destinados a proteger este proceso, así como otros vinculados a la salud sexual y reproductiva de las mujeres.

    En cuanto a Instrumentos de Políticas Públicas en materia de DDSYR existen: la Norma de Atención Integral en Salud Sexual y Reproductiva (NAISSR) MPPS (2003, Reedición 2013) y los Protocolos de Atención, Cuidados Prenatales y Atención Obstétrica de Emergencia (2014) MPPS. En cuanto a Programas de atención en salud existen el Primer Plan Nacional para la Protección de Derechos Sexuales y Derechos Reproductivos de las Mujeres, 2014-2019; el Plan para la Igualdad y Equidad de Género «Mama Rosa» (2013-2019) PPMIG; el Programa Nacional de Lactancia Materna del MPPS, el Programa Nacional de ITS-HIV/SIDA del MPPS; el Programa de Oncología, cáncer de mama y cérvico uterino del MPPS; el Programa de salud mental, violencia doméstica, intrafamiliar y sexual. Una densa base de instrumentos legales y jurídicos que pretenden avances para superar las condiciones de desigualdad y que en su momento convirtieron a nuestro país en referente legal. Sin embargo, la realidad jurídica contrasta con la situación en los centros de salud públicos y privados de forma avasallante. Todos estos programas de atención en salud en estos momentos se encuentran desmantelados e inoperativos.

    Por su parte, se crearon las siguientes misiones sociales: la Misión Niño Jesús, para mujeres embarazadas (2012); la Misión niños y niñas del barrio, para amas de casa y familias; la Gran Misión hijos de Venezuela, para familias con ingresos bajos; la Gran Misión hogares de la patria; el Plan nacional de parto humanizado (2017). Este último  dedicado a formar promotoras comunitarias de parto humanizado. Pero este último Plan no aborda el meollo principal donde radica la violencia obstétrica en nuestro país: la medicalización, instrumentalización y campo de aprendizaje en el que se convierte la práctica ginecobstétrica desde la formación de estudiantes hasta la atención en el sistema de salud privado y/o público. Ya la profesora Camacaro lo planteó en sus diferentes publicaciones (2009, 2010). Y aún cuando estas promotoras tienen intenciones genuinas de contribuir a mejorar la calidad de la atención, no tienen formación ni autoridad que les permita incidir en el complejo entramado de poder que es el sistema médico.

    Con todo este basamento, podríamos pensar que nuestro país es uno de los pioneros en la materia, y que con semejante política de Estado, no hay razones para pensar en VO en Venezuela. En la práctica nos encontramos que la calidad de la atención integral en salud para niñas, adolescentes y mujeres no se corresponde con estos planes de protección y cuidado que desde el Estado debería garantizar. En nuestro día a día asistimos a una serie de inequidades y deficiencias en salud, que van desde la atención primaria hasta la preventiva. Aún cuando la Ley orgánica por el derecho de la mujeres a una vida libre de violencia define y tipifica a la violencia obstétrica, ésta sigue siendo un fenómeno desapercibido y naturalizado en las instituciones públicas o privadas de salud por parte del personal, tanto en la atención a las gestantes como en las planeación de políticas, la formación y práctica asistencial de los futuros obstetras en la atención al embarazo, parto y puerperio. La Ley de parto humanizado se desconoce por la gran mayoría de la población y la Norma es obviada de la practica cotidiana de salud.

    Nuestro contexto actual es complejo, está marcado por una profunda crisis socioeconómica que ha hecho mella en todos los sectores de la sociedad, con efectos muy palpables en el sistema de salud. Ello se manifiesta en falta de una atención apropiada y oportuna, largos tiempos de espera, desaciertos en diagnósticos y tratamientos, y altos costos, al tanto que se sufren las consecuencias de la insuficiente dotación de equipos y medicinas en los hospitales, y la pérdida de especialistas por la emigración de profesionales de la medicina a otros países. También en la inexistencia o escasez de insumos médicos, medicinas y vacunas. Esta crisis agravada afecta de tal manera el sistema de salud venezolano, que ha profundizado problemas de vieja data como su fragmentación, segmentación y “privatización”.

    Hablar de VO implica atender dos asuntos fundamentales: el modelo de atención con el que se forman los y las médicas del país y las estructuras jerárquicas establecidas en los centros de salud. Y que nos conduce a lo estructural: la patologización del parto y nacimiento establecida desde la obstetricia. Ya lo precisa la profesora Camacaro:

    La institucionalización de los procesos reproductivos no contempla la relación protagónica de y entre las mujeres durante la vivencia del embarazo, el parto o el puerperio. Las mujeres son desplazadas por la autoridad del saber médico, sólo algunas personas autorizadas por la ciencia y la tecnología pueden tocar y fundamentalmente controlar a la parturienta… (2009).

    Esta rama de la medicina ha elaborado su discurso hegemónico sobre el cuerpo y la salud de las mujeres en dos ejes: el biologicismo (las mujeres son seres que se definen por su organismo) y el reproductivismo (el cuerpo femenino se explica sólo desde sus funciones reproductivas). En nuestro país el sector salud está dominado por la medicina biomédica: un modelo único, monopolístico, con mucho poder, medicalizado, universitario, burocratizado y poco democrático. Se suele pensar que la medicina es una ciencia neutral, objetiva y libre de prejuicios. Y no es así: está atravesada por cuestiones de género, prejuicios y androcentrismo. Todos los patrones culturales se han naturalizado de tal modo que aparecen como algo legítimo.

    La violencia obstétrica es un problema de derechos humanos. Los derechos sexuales y reproductivos forman parte de los derechos humanos. Y aquellos se han establecido desde hace más de 35 años en conferencias y acuerdos internacionales vinculantes. En este contexto, dar cumplimiento a la Ley orgánica por el derecho de las mujeres a una vida libre de violencia, a la Ley de parto humanizado o a la Norma Oficial sobre la Atención Integral en Salud Sexual y Reproductiva, instrumentos que expresan claramente la necesidad de incorporar el género como eje transversal en la atención hospitalaria para enfrentar el determinismo biológico y la visión patriarcal que se tiene sobre las mujeres, su cuerpo y sus procesos reproductivos es casi imposible. Implica romper el paradigma médico que considera a la gestante y parturienta como un cuerpo enfermo, reducido a meros fenómenos biológicos.

    Trascender la patologización y medicalización del parto y el nacimiento los cuales gozan de muy buena salud tanto en la academia como en los centros hospitalarios implica abordar los procesos reproductivos de las mujeres desde una perspectiva género-sensitiva que permita mirar al cuerpo de las mujeres no como máquinas productoras y reproductoras de niños/as, sino como sujetas de derecho. La perspectiva de género permite visibilizar sus vivencias, sus voces silenciadas por años de sumisión, exclusión, y expropiación tanto de su cuerpo, sus conocimientos, y sus subjetividades.

    Hacen falta  políticas certeras y direccionadas adecuadamente para hacerse cumplir, validar el marco legal existente, establecer sanciones y correctivos sobre las faltas cometidas, organicidad y activismo en las organizaciones del área, interlocutores empáticos que crean en sus beneficios individuales y colectivos, dar respuestas a los miles de casos de violencia sufridos y, sobre todo, apostar al parto respetado como una forma de atención que dignifica a las personas, empodera y efectivamente puede cambiar al mundo.

    Fuentes consultadas

    Al Adib Mendiri, Miriam, Ibáñez Bernáldez, María, Casado Blanco, Mariano, & Santos Redondo, Pedro. (2017). La violencia obstétrica: un fenómeno vinculado a la violación de los derechos elementales de la mujer. Medicina Legal de Costa Rica34 (1). http://www.scielo.sa.cr/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1409-00152017000100104&lng=en&tlng=es.

    Camacaro Cuevas, Marbella (2010). La obstetricia develada, otra mirada desde el género. Universidad de Carabobo, Valencia, Venezuela.

    Camacaro Cuevas, Marbella. (2009). “Patologizando lo natural, naturalizando lo patológico”. Improntas de la praxis obstétrica”. Revista Venezolana de Estudios de la Mujer14(32), 147-162. http://ve.scielo.org/scielo.php?script=sci_arttext&pid=S1316-37012009000100011&lng=es&tlng=es.

    Díaz García, Luis y Fernández M., Yasna (2018). Situación legislativa de la Violencia obstétrica en América latina: el caso de Venezuela, Argentina, México y Chile. En Revista de Derecho de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso. Nro. 51 (segundo semestre). 123 – 143.

    Fernández Guillén, Francisca (2015). ¿Qué es la violencia obstétrica? Algunos aspectos sociales, éticos y jurídicos. En DILEMATA. Año 7. nº 18. 113-128.

    García, Eva Margarita (2018). La violencia obstétrica como violencia de género. Estudio etnográfico de la violencia asistencial en el embarazo y el parto en España y de la percepción de usuarias y profesionales. [Tesis de doctorado no publicada]. Universidad Autónoma de Madrid.

    Sadler, M; Vezzani, F; Watkins, L; Navarrete, J; López, A. (2021). “El cuidado en la atención del nacimiento: de la responsabilidad individual a la colectiva”. En Revista Chilena de Antropología 43. 233-246.

    Vallana- Sala Viviana Valeria. (2019).“Es rico hacerlos, pero no tenerlos”: análisis de la violencia obstétrica durante la atención del parto en Colombia. Revista Ciencias de la alud17(especial):128-144. http://dx.doi.org/10.12804/revistas.urosario.edu.co/revsalud/a.8125

    Violencia obstétrica. (2021, 29 de octubre). Wikipedia, La enciclopedia libre. https://es.wikipedia.org/w/index.php?title=Violencia_obst%C3%A9trica&oldid=139362707.

  • Salud Materna en Venezuela 2023

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  • Las Cifras

    Esta fue ima investigación epistemológicamente situada desde la perspectiva feminista, puesto que, como equipo de investigación, compartimos la certeza de que el discurso científico presentado como pretendidamente neutral es portador de sesgos sexistas y androcéntricos muy difíciles de identificar.

    Nos fue necesario realizar un ejercicio de deconstrucción que permita identificarlos y corregirlos con el fin de evitar que se constituyan en elementos de distorsión que normalicen tanto las prácticas violentas como el sufrimiento de un significativo número de mujeres en el país.

    La metodología triangula procedimientos cuantitativos y cualitativos, de acuerdo a la naturaleza de la información. En un primer momento la lógica del método tributa a la hermenéutica desde un abordaje descriptivo-interpretativo para favorecer la caracterización que se aspira, a la vez que se destaca el punto de vista de quienes han vivido la experiencia de la violencia ginecobstétrica con un posicionamiento claramente fenomenológico aunque en este primer informe sólo se abordan las respuestas a preguntas cerradas