Respuesta conjunta de los Observatorios Latinoamericanos y Europeos de Violencia Obstétrica y otras organizaciones de toda Europa a la Declaración de Posición Conjunta sobre Atención deficiente e irrespetuosa en el parto: porque las palabras importan

El término Violencia Obstétrica, hoy más visibilizado, ha generado diversas respuestas que la cuestionan, fundamentalmente por parte de profesionales del área obstétrica que la asumen como un cuestionamiento personal. De esa manera, la respuesta ha derivado la atención de la discusión fundamental: la propia realidad que ha generado esta categoría.

A principios de enero 2024, fue publicada en una reivsta acádemica de medicina, una declaración emitida por una declaración de posición conjunta de la Asociación Europea de Medicina Perinatal, la Junta Europea y el Colegio de Obstetras y Ginecólogos y la Asociación Europea de Parteras.

Las organizaciones que compartimos acciones, energías y esperanzas por visibilizar y materializar otras formas de parir y nacer, además de cuestionar la visión patologizante del cuerpo y los procesos de las mujeres, nos activamos en función de responder a esta Declaración en el mismo medio en que fue publicada la anterior.

Desde este espacio reflexivo, queremos convocarles a dar el paso como usuarias, como servidores y servidoras de salud y sujetas y sujetos de derechos, para romper estructuras y reconstruir  las múltiples formulas de un sistema de salud coherente con la dignidad y la equidad en un momento tan trascendente como gestar, parir, nacer.

En Venezuela, compartimos la Declaración con colegas, amig@s, personal de salud, aliad@s e interesad@s en estas temáticas. Unas declaraciones contundentes y por supuesto luminosas la tuvimos de nuestra querida Marbella Camacaro. Mitzy Flores también sentó posición y otra respuesta importante de la médica Liliana Marín. Taumanova Álvarez y América Villegas organizaron una conversa online que, además de nutritiva estuvo bastante bien recibida (y será reseñada más adelante).

De los aspectos más resaltantes de la Declaración, tenemos las palabras de Marbella, quien señala:

«El primero es que son de países europeos y es imposible no tomar en cuenta las realidades históricas de los sitios geográficos y las realidades geopolíticas y sociales de las sociedades que se pronuncian. Uno de los grandes problemas precisamente de las disciplinas y las ciencias es que han sido nacidas, crecidas y construidas en áreas, en lugares ajenos a América Latina y América Latina ha copiado ese modelo de ciencia y lo ha repetido a través del tiempo y a través de la generación».

Camacaro 2024

Nos llama poderosamente la atención que el gremio médico se centra en confrontar el término violencia obstétrica y no las formas de atención. Sin detallar que uno es el reflejo de todas ellas. Les resuena porque criminaliza y fija posición hacia los obstetras. Desde las primeras afirmaciones del artículo no refutan que esa forma de atención al parto constituye un trato subestándar, es decir, por debajo de la calidad que debería recibir una mujer en su atención del trabajo de parto, el parto y postparto.

Por el contrario, ellos y ellas reconocen que si eso se hace, todas esas rutinas medicalizadas de abuso y abuso del cuerpo de las  mujeres se considera un trato subestándar. Lo que están es cambiando nada más el nombre, porque precisamente el nombre, esa es la razón de la denominación o de la categoría. Fijarlo en una especificidad de profesión como es la obstetricia.

En nuestros países, pues si ese tratamiento se llama subestándar, nosotros en América Latina lo llamamos violencia obstétrica, porque atenta contra la autonomía y la autodeterminación de las mujeres en su proceso reproductivo.

Porque si estas prácticas: ruptura de membranas, episiotomía, abuso de medicalización, trato irrespetuoso, revisión uterina -que es el acto más bárbaro que puede cometer la obstetricia y se practica como rutina en Venezuela- y el hecho de que una mujer para acostada, que es la estafa más grande de la ciencia obstétrica, que niega los elementos más, las lógicas más elementales como la ley de gravedad, pues indudablemente se está cometiendo violencia obstétrica.

En su mayoría me parecieron excusas vergonzosas: que nos da miedo el cambio, que es humano optar por repetir lo que aprendimos, que a unos les cuesta más que a otros ser autocríticos, que las expectativas de las mujeres pueden ser irreales, que explicar las cosas es mucho trabajo, que en una emergencia no se puede solicitar consentimiento por escrito. Ví paternalismo por todos lados, ni una sola mención al problema complejo, universal, pandémico. Si no hablamos de machismo, patriarcado y violencia de género, no estamos ni cerca de comprender de lo que estamos hablando. Y pensé, hace años se decía que si no había golpes no era violencia, que la violencia sólo se reduce a lo físico o sexual, que si es tu esposo no se puede hablar de violación, que si no hay evidencia de que te opusiste y luchaste, es que consentiste. Todavía hay quien no cree en la palabra feminicidio, que no lo considera una categoría aparte del homicidio, que no ve un patrón.

Liliana Marín

Lo cierto es que este tratamiento no sólo se da en la obstetricia y la ginecología, es una forma habitual de atención de la medicina en general. Pero la definición que tiene la categoría, desde nuestra ley de 2007, está referida a lo que ocurre estrictamente en la disciplina obstétrica. Y esta Declaración a la larga termina corroborando que la categoría es correcta porque todo eso es practicado como rutina, por lo menos en los países de América Latina. 

Un elemento fundamental en esto, es que es una discusión política. A la política de los derechos humanos. Y especialmente los que conciernen a los sexuales y reproductivos. Todas estas prácticas, tipificadas como VO, son violatorias de los derechos humanos de las mujeres en la salud sexual y reproductiva y que se comete en casi todos los hospitales de América Latina.

Si no se plantea como un problema, como una circunstancia vinculada a los derechos y no se deja en una visión reducida de la ofensa que sienten los ginecobstetras, la discusión pierde las raíces estructurales de las razones de esa ciencia.

Esa es una ciencia que nace fuera absolutamente de la realidad de América Latina.Y yo creo que es un trabajo político marcar una diferencia de cómo viven las mujeres, sus circunstancias de salud sexual y reproductiva en los países latinoamericanos a los países europeos. Este es un problema de poder político y esos países que se hacen llamar del primer mundo no tienen ni idea de lo que ocurre en estos países. Así de sencillo.

Esta es una discusión difícil precisamente porque trata asuntos de poder. La VO es un término nacido estrictamente en América Latina. Se ponen de moda palabras como la descolonización, y otra serie de palabras que se quedan en cliché. La descolonización comienza precisamente para que nuestros países defendamos nuestras propias realidades  frente a esas otras del mal llamado primer mundo. Y la VO fue construida en este país con la realidad propia y de muchos países de Latinoamérica.

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